
A ritmo de jazz transcurren las tardes... huele a incienso y a té y a un perfume dulzón que sabe a vainilla...
Al compás de un saxo se me va escapando la vida y un simple click es capaz de arrancarme el corazón de cuajo... abro la ventana, pero no me ves… y no me escuchas, no quiero que me veas… y no quiero que me escuches… para no aprender a morirme de amor al son de las notas desencajadas...
Las paredes de este cuarto han vuelto a llenarse de pasado, de retratos mojados a fuerza de no llorarlos, de recuerdos distorsionados a fuerza de emborracharlos… y el tiempo se escurre por el escote y las horas se escapan entre los dedos y los ojos se cierran y los sueños se esconden…
Aún guardo un retrato, dos fotos, tres palabras y alguna más en una mente absolutamente decadente que se interpone entre el ayer y el mañana y que amenaza con marcharse bien lejos, aunque nunca lo hace…
Mientras, la cucharilla sigue girando, tintineando ella sola en el silencio de una ciudad que hierve, que va y que viene, que se pierde entre círculos concéntricos, que se odia a veces y que se ama siempre…
Y por momentos vuelve la magia, pero es efímera y juega a despistarme en un mar de pensamientos, de quizás, de planes hechos, de viajes por hacer, se balancea en mis párpados y me hace cosquillas, se ríe y al final se larga…
Ha parado la música y todo vuelve a la normalidad…
Al compás de un saxo se me va escapando la vida y un simple click es capaz de arrancarme el corazón de cuajo... abro la ventana, pero no me ves… y no me escuchas, no quiero que me veas… y no quiero que me escuches… para no aprender a morirme de amor al son de las notas desencajadas...
Las paredes de este cuarto han vuelto a llenarse de pasado, de retratos mojados a fuerza de no llorarlos, de recuerdos distorsionados a fuerza de emborracharlos… y el tiempo se escurre por el escote y las horas se escapan entre los dedos y los ojos se cierran y los sueños se esconden…
Aún guardo un retrato, dos fotos, tres palabras y alguna más en una mente absolutamente decadente que se interpone entre el ayer y el mañana y que amenaza con marcharse bien lejos, aunque nunca lo hace…
Mientras, la cucharilla sigue girando, tintineando ella sola en el silencio de una ciudad que hierve, que va y que viene, que se pierde entre círculos concéntricos, que se odia a veces y que se ama siempre…
Y por momentos vuelve la magia, pero es efímera y juega a despistarme en un mar de pensamientos, de quizás, de planes hechos, de viajes por hacer, se balancea en mis párpados y me hace cosquillas, se ríe y al final se larga…
Ha parado la música y todo vuelve a la normalidad…
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