26.2.08

[subway]

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Te lo dije muchas veces: los besos no llegan hasta el sofá.
Hay que salir a buscarlos.

Los besos, para que sepan a besos,
hay que lucharlos,
hay que ganarlos.
A veces, incluso, hay que llorarlos.

Es cierto, hay besos que llegan solos,
pero entonces ya no saben a domingo por la tarde.
Saben a alcohol, a noche de viernes, a resaca de sábado.
Saben borrosos y aguados.
Saben a humo, a risas falsas, a olvido.
Saben a no me importa.

Los besos, los que nunca llegan,
los que sueñas,
los que se buscan y aparecen cuando menos te los esperas
saben a planes a medias.
Saben a abrazos en la despedida, a café, a cerveza compartida.
Saben a sonrisas, a ojos que brillan, a conversaciones contigo.

Los besos, para que sepan a besos,
han de ser tuyos.