4.1.15
Hay domingos que son como una canción de Sabina
acabar dividiendo lo que antes multiplicaba.
X, Y, infinito.
A esta ecuación le faltan palabras y le sobra un te quiero.
Y yo que no consigo despejarte...
10.1.11
Continúa el cansancio, el hastío, el hartazgo, la tristeza de tantos días, el mal humor, la impotencia, las palabras que se atragantan en la garganta, las ganas de llorar, de gritar, de dejarlo todo, las ojeras, las noches sin dormir. Continúa a veces. Es difícil dejar atrás el bagaje de tantos días con doce uvas.
Pero he comenzado 2011 con el pie izquierdo bien 'plantao' (como casi siempre); con casi toda la gente que quiero cerca, a más o menos casas, ciudades y países de distancia; echándote de menos, pero sabiendo que estás; esperando a Mario; re-aprendiendo a apreciar las cosas pequeñas, los momentos alrededor de una mesa llena de historias a veces repetidas (conviene no olvidar tantas cosas que yo olvidé)...
Feliz año impar nueve días después...
5.12.09
De Ángel González [dedicado]
Me basta así
Si yo fuera Dios
y tuviese el secreto,
haría
un ser exacto a ti; lo probaría
(a la manera de los panaderos
cuando prueban el pan, es decir:
con la boca),
y si ese sabor fuese
igual al tuyo, o sea
tu mismo olor, y tu manera
de sonreír,
y de guardar silencio,
y de estrechar mi mano estrictamente,
y de besarnos sin hacernos daño
-de esto sí estoy seguro: pongo
tanta atención cuando te beso;
entonces,
si yo fuese Dios,
podría repetirte y repetirte,
siempre la misma y siempre diferente,
sin cansarme jamás del juego idéntico,
sin desdeñar tampoco la que fuiste
por la que ibas a ser dentro de nada;
ya no sé si me explico, pero quiero
aclarar que si yo fuese
Dios, haría
lo posible por ser Ángel González
para quererte tal como te quiero,
para aguardar con calma
a que te crees tú misma cada día,
a que sorprendas todas las mañanas
la luz recién nacida con tu propia luz, y corras
la cortina impalpable que separa
el sueño de la vida,
resucitándome con tu palabra,
Lázaro alegre,
yo,
mojado todavía
de sombras y pereza,
sorprendido y absorto
en la contemplación de todo aquello
que, en unión de mí mismo,
recuperas y salvas, mueves, dejas
abandonado cuando -luego- callas...
(Escucho tu silencio.
Oigo
constelaciones: existes.
Creo en ti.
Eres.
Me basta.
28.11.09
dedicado
[Actualización]
El vídeo es un homenaje de Miguel Ángel Solá a Mario Benedetti. Una de las voces más increíbles del mundo para uno de los poemas más bonitos del mundo. Estoy 'enamorada' de esa voz desde que conocí a Dalmacio (y a Eloísa) primero en Cáceres y después en Madrid. Ahora regresan juntos, ahora como Miguel y Nana, ahora al Teatro Amaya y allí estaré yo "Por el placer de volver a verla". Les entrevistaré esta semana, a Miguel Ángel y a Blanca. Creo que me apetece hacerlo desde aquella noche, desde aquel "Hoy: el diario de Adán y Eva". Para ir abriendo boca, me quedo con una frase de Miguel Ángel, de una entrevista de 2003 para elcultural.es. Habla de aquella obra en la que nadie creía y que dio la vuelta al mundo durante más de una década:
“Tengo una deuda con esta obra porque quisimos estrenarla aquí hace tiempo y por una mala gestión no pudo ser. Después, estuvimos a punto de hacerla en el Marquina y nos volvimos a embarazar. Me dediqué a hacer cine para poder mantener el hogar y rechacé proyectos interesantes (Los Puentes de Madison, El hombre elefante, El alcalde de Zalamea..) porque mi corazón está aquí. Con todo este trabajo paso muchas horas alejado de Blanca y de la crianza de las niñas, y ésta es la oportunidad de estar hablándole de amor a mi mujer durante dos horas por día”.
25.10.09
La reina del trastero. Paco Ortega
27.9.09
24.9.09
des mensonges
13.9.09
dos de dos
6.9.09
Siete mesas de billar francés
31.7.09
hoy
21.6.09
¿los rincones de domingo o las tardes de poesía?

Los que me conocen saben de mi particular relación con las tardes de domingo. Da igual que llueva o que haya salido el sol, da igual estar sola que estar acompañada, da igual que sea invierno o verano, las tardes de domingo tienen algo de raro, de nostalgia, de echar de menos... Hoy he decidido canalizar todo eso y he redecorado la entrada del piso. No es que sea nada del otro mundo, pero qué se puede pedir de un trozo de tela, pegamento, clips, un viejo cuadro de una mujer desnuda y tres trozos de cartón de cajas de zapatos... He fabricado mi propio rincón de la poesía, del que ya me había hablado Esther :) ... De momento, Mario Benedetti y Evgeni Evtuchenko. Aún hay mucho por llenar, así que se admiten sugerencias...
24.5.09
13.5.09

FOTO: Claveles blancos, Almudena Salamanca.
12.5.09
"Llevaba toda la vida muriéndose y nadie se lo creía"
10.5.09
Un poema de Pedro Salinas y la voz de Pablo Milanés.
Y algunas fotos en la retina.
Y algunos nombres en la cabeza.
Y aquello que me guardo.
Siempre las tardes de domingo.
Batidos de palabras.
Puré de sentimientos.
Nostalgia. Ganas de llorar. Y de reír. Y de escribir.
Y de no hacer nada.
Siempre las tardes de domingo.
18.4.09
2.4.09
por fascículos [part. III y final]
Ahora mi mujer está detrás de mí y se ha cambiado de ropa. Acaba de llegar del trabajo y se cepilla el pelo lentamente. Ha vuelto a dejárselo suelto y yo a tocar la guitarra. Ya no me dice aquellas cosas cariñosas, pero tampoco me llama Raúl. Al parecer aquellas temporadas que pasaba en Ibiza realmente eran viajes a Benidorm con su madre y los tres niños que tenía de una relación anterior; el móvil de última generación, de la empresa y los trajes, comprados de segunda y tercera mano en una tienda del centro. El coche era la única licencia que se había permitido en su vida, el único capricho que le habían dejado permitirse la arpía de su madre, sus hijos y una ex que aprovechaba cualquier ocasión para sacarle hasta el último céntimo por el bien de las criaturas.
Me lo explicó en un bar cercano a mi pensión. Era un sábado de abril. Me había dejado un mensaje en el contestador mientras yo volvía en metro. Quería verme y yo era lo que más deseaba en el mundo. Me pidió perdón, me dijo que me quería y que haría lo que le pidiese para merecer una segunda oportunidad. Yo sólo le pedí un beso y volvimos a casa. Al final fue el tal Raúl el que resultó ser el fracaso de su vida y no yo y eso me alegraba. Tanto como que mi mes de abril de aquel año no acabase como el del Sabina del chico del metro.
por fascículos [part. II]
Ella estuvo muy nerviosa aquellos días que precedieron al importante viaje a Moscú. Salía temprano, llegaba tarde y sus besos me sabían distantes. Yo había dejado de pensar en aquel incidente y me esforzaba por tranquilizarla. Todo saldría bien, era la mejor. Había llegado a entender que ese viaje era realmente importante para ella. Hasta que la noche anterior, justo cuando me disponía a pedirle un taxi porque ella se había negado a que la acompañase al aeropuerto, llamó un tal Raúl.
Estuve a punto de volverme loco. No pegué ojo en toda la noche ni en los dos días siguientes. Ella me dijo que Raúl era un compañero de trabajo, que acababa de llegar a la empresa, que gracias a él había surgido aquella posibilidad de negocio en Rusia y que el jefe les había encargado a los dos realizar aquel viaje y volver a Madrid con un buen acuerdo bajo el brazo. Me contó que se jugaban mucho y que no me había dicho nada para no preocuparme, pero yo ya estaba demasiado celoso como creer del todo aquella historia. En mi cabeza sólo aparecía la imagen de mi preciosa mujercita con aquel tipo, Raúl, volando juntos a miles de kilómetros de mí. Juntos y solos. En mis tres noches de insomnio, mi yo racional me decía que me estaba equivocando, que estaba haciendo una montaña con un granito de arena, que ella, a pesar de que podía haber tenido a cualquier tío del planeta, me había elegido a mí, que no tenía nada que temer. Pero la vida es dual, como las monedas, y si tenía un yo racional, también tenía uno no racional. Y éste era el que se imponía.
A la vuelta ella habló conmigo. Me dijo que todo lo que me había contado del viaje era cierto, pero también que se había enamorado del tal Raúl. Y lo dijo así, tan fríamente que me partió el corazón por la mitad al principio y lo hizo añicos después. Quería darse una oportunidad con él.
- Y en esa oportunidad, ¿dónde quedo yo?
Estaba todo pensado. Al parecer las noches de hotel en Moscú habían dado para algo más que preparar reuniones y un par de revolcones con que aliviar la tensión del día. Ella se iría a vivir con él. Me proponía que yo buscara también otro lugar para vivir. Ella se encargaría de todo, los papeles del divorcio y la mejor manera de poner en venta el piso y de acordar el reparto de los bienes gananciales. Eso había quedado de nuestra historia: un piso a medio pagar con un cartel de Se Vende en la ventana y un puñado de bienes gananciales.
- No hay prisa. Tómate el tiempo que necesites.
Pero yo lo que necesitaba era salir de allí. Hice la maleta y aquella misma noche ya había metido todas mis cosas en una habitación de una pensión del centro.
Al parecer ella se había dejado cegar por su coche, por sus trajes nuevos, porque el tal Raúl pasaba largas temporadas en Ibiza y había viajado alrededor del mundo. Al fin y al cabo, yo sólo era un informático que trabajaba en una empresa modesta. No había coche caro, ni vestía trajes de marca y mi ideal de tiempo libre era oír respirar a mi mujercita después de hacer el amor con ella. Vamos, lo que yo llamaba ser un fracaso en su vida. Y ella se reía y me besaba…
Es curioso cómo tu estado de ánimo cambia la perspectiva de una ciudad. Desde que el tal Raúl se cruzó en mi camino se activó un mecanismo desconocido dentro de mí que me hacía buscar la intimidad, el anonimato y la soledad del suburbano en mis trayectos al trabajo. Antes siempre había preferido el autobús, pero ahora el Metro de Madrid me daba un cobijo especial y empecé a apreciar ese mundo que se nos esconde a los ojos.
31.3.09
por fascículos [part.I]
Hasta que un día me llamó Raúl.
Era sábado y mi equipo había vuelto a perder.
¿Raúl? –le espeté yo con el rostro medio desencajado y una sonrisilla nerviosa.
Siempre había pensado que el lenguaje tiene un límite y sentía curiosidad por saber qué me llamaría mi mujercita el día en que ya fuera imposible estirarlo más. Imaginaba que volvería al principio o que inventaría las palabras. Algo como… No sé, ella era la experta. ¡¿Pero Raúl?!
R-A-Ú-L
Aquellas cuatro letras significaban que algo pasaba, aunque ella dijera que estaba estresada con tanto trabajo y yo me empeñara en creerla.
Nos habíamos conocido en la facultad, en los pasillos de la facultad para ser exactos. Empresariales. Ella se licenció a los cinco años mientras yo la cambié por un pequeño estudio de grabación. Quería ser cantautor. Bueno, cantautor era, pero soñaba con ser una estrella de la canción. Por aquel entonces ella llevaba el pelo largo, suelto y yo tocaba la guitarra después de los exámenes. En realidad no sabía más que los acordes de una decena escasa de canciones pero a ella le gustaba una de los Beatles y yo me la había aprendido al dedillo. Lo de ser un cantante famoso quedó atrás. No tenía talento, no el suficiente, y me volví a matricular en la universidad. Informática. Ella sí tenía un gran futuro. Había acabado sus estudios con muy buenas notas, hizo un máster en el extranjero, dominaba un par de idiomas. Y seguía conmigo. Solía decirle de broma que yo era la única parte de su vida que representaba un fracaso y ella se reía y me besaba. Nos hicimos mayores entre aeropuertos, entre acordes aprendidos de canciones, entre cartas, entre ceros y unos, en lenguaje binario, pero juntos, siempre juntos. Pronto empezamos a construir un hogar. Ella comenzó a trabajar en una multinacional muy importante. Vestía serios trajes de raya diplomática que conjuntaba con tops desenfadados y tacones de vértigo y se recogía el pelo en una coleta alta muy apretada. A mí no me gustaba demasiado, pero ella decía que para trabajar era más cómodo y cuando llegaba a casa, para darme gusto, se arrancaba el pasador al mismo tiempo que me decía aquellas cosas cariñosas. Esos encuentros al morir la tarde solían terminar en el sofá, en la alfombra, sobre la mesa de la cocina.

